Opinión: 1° de mayo de nuevas luchas y victorias

Por Eugenio Chicas | 02 de mayo de 2017

Esta marcha muestra una variada mezcla social entre servidores públicos, gubernamentales y municipales en creciente proceso de organización gremial.

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Iniciamos mayo con la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores. En nuestro caso, un lunes, ligeramente refrescado por una suave brisa de verano que anuncia la esperanzadora llegada del nuevo invierno. En marcha unida nos dimos cita miles de hombres y mujeres desde cuatro rumbos, hasta la plaza “Salvador del Mundo”, para celebrar la vitalidad del aporte y esfuerzo con el que desde cada puesto de trabajo contribuyen los trabajadores y trabajadoras salvadoreños a la recuperación y engrandecimiento de la economía del país.

Vimos por doquier ondear banderas representativas de la diversidad de sectores comprometidos con las más justas luchas, infinidad de mantas y pancartas aun frescas con la huella artesanal enarbolando duras consignas en torno a temas de coyuntura nacional; observamos volantes y periódicos gremiales que pasaron de mano en mano, expresando análisis y propuestas sobre la condición actual del país y sus posibles soluciones desde la perspectiva de los trabajadores; escuchamos fervientes cantos de unidad, mezclados con fogosos mensajes y combativas consignas que reflejan un nuevo animo de movilización, y un alto espíritu de lucha.

Como siempre, un enjambre de esperanzados o escépticos vendedores informales, trabajadores también, resolviendo su propia sobrevivencia, estuvieron apostados a lo largo del recorrido o acompañando la marcha, ofreciendo la más variada oferta de refrescantes bebidas y bocadillos que mitigan la sed y el hambre.

Esta marcha muestra una variada mezcla social entre servidores públicos, gubernamentales y municipales en creciente proceso de organización gremial; avanzan también numerosos agrupamientos obreros y líderes sindicales, muy disciplinados, bien organizados, orgullosos luciendo sus uniformes de trabajo y emblemas representativos; humildes campesinos, comunitarios, y productores agropecuarios que marchan y ven con cierto asombro la algarabía y el entorno urbano; y la infaltable energía y alboroto de la juventud y del movimiento estudiantil en todo su esplendor.

Es notable el creciente movimiento cristiano “Romerista” presente en toda expresión de lucha social, y el predominante colorido rojo y blanco,  expresión dominante de la incidencia mayoritaria de la fuerza política con mayor tradición histórica en acompañar y ser parte de los sufrimientos, luchas y victorias de este indoblegable movimiento social, político y popular. No recuerdo en El Salvador funcionarios o presidentes de otros gobiernos o líderes de otros partidos en el ejecutivo que hayan acompañado a los trabajadores en sus marchas y se fusionen con ellos.

Esta marcha es solo una expresión por la defensa y profundización de los programas sociales impulsados por los gobiernos del cambio, la celebración de importantes victorias como el incremento al salario mínimo, el mejor desempeño del crecimiento económico del país, la estabilidad de precios de la canasta básica, o el apoyo a los productores que cubren un mercado de alimentos suficientemente abastecido.

Llegamos a la plaza y el Divino Salvador del Mundo nos espera siempre, cual firme centinela, testigo y protector vigilante que da ánimo en las ardorosas luchas políticas y sociales. En esta oportunidad el punto principal es la propuesta de consenso de los trabajadores para la reforma del sistema de pensiones, entregada al presidente Sánchez Cerén,  aportando al debate nacional  en la búsqueda de una alternativa sostenible en el tiempo, con pensiones dignas, pensión universal y que contribuya al alivio de las finanzas públicas.

Nuestro país vive el más amplio espacio para todas las formas de expresión, organización y movilización a que aspiró y se propuso el Acuerdo de Paz; estando únicamente limitadas por la disponibilidad de tiempo, voluntad e interés y recursos. Atrás quedaron las duras épocas de represión, que poco se recuerdan. Nunca antes contamos con tal variedad de fuentes y mecanismos de libre acceso a la información.

Ahora el reto para lograr una mejor y sustancial organización, movilización y participación ciudadana, que abone en la construcción de una correlación social y política transformadora, es la adecuada interpretación de las reivindicaciones, intereses y preferencias de esta colectividad, mayoritariamente joven, a la que muy poco se ha inculcado la memoria histórica. Una sociedad con exacerbado individualismo, transculturizada, bajo el constante asedio de los intereses mediáticos tradicionales; con muy poca información de calidad, sistematizada y objetiva de su entorno, del país y de los peligros que enfrenta la humanidad; una sociedad que también reclama nuevos referentes  simbólicos, éticos y morales.

Para conectar con esta generación, además de un método adecuado, es necesario el descubrimiento de los nuevos códigos de comunicación  que, abarcando la más amplia variedad de intereses y rescatando el insustituible contacto de la relación directa y calidez humana, tome en cuenta el creciente proceso de informatización y digitalización, para trasladar la fuerza del contenido del mensaje a la versatilidad de la imagen y a la referencia insustituible de un liderazgo ejemplar.

Vengan entonces nuevos primeros de Mayo con jóvenes liderazgos que sigan enarbolando más cambios a favor de los trabajadores.



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