Opinión: El diálogo como epifanía de esperanza

Por Eugenio Chicas | 09 de enero de 2018

Comenzamos enero con buen paso, la buena nueva legislativa es la reciente aprobación del Presupuesto General de la Nación, hecho sin precedentes que augura un año de tranquilidad: importante tanto para los jubilados que saben que un sustento está debidamente asegurado con la certeza que da la reciente reforma de pensiones, como para los trabajadores del Estado y sus familias, que vivieron la angustia de la inestabilidad y hoy ven claridad de hasta dónde están cubiertas sus prestaciones.

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Parece que fue ayer cuando arrimados al reencuentro del cálido fragor familiar, dispusimos de horas de holgura para el repaso de hechos y peripecias con las que logramos concluir milagrosamente el año. Entre risas, melancolía y esperanza, vinieron los cabizbajos relatos de lo que pudo ser, sumamos logros y fracasos, retos y pendientes desafíos; y así nos sorprendieron lágrimas de dicha y nostalgia por nuestros queridos ausentes; se cruzaron llamadas telefónicas, mensajes de texto y de cuanta aplicación de mensajería se nos ocurra −nuevas versiones de las tarjetas y cartas navideñas- entre los alegres abrazos, música, comidas, luces y mucha algarabía. Y así despedimos al año viejo.

Todavía arrastramos la pesada modorra de la contagiosa pereza de nuestros hijos que aún no comienzan el año escolar, sensación que solo se sacudirá en la medida que entremos todos al rigor cotidiano. Entre tanto, aún nos embelesa  la mágica época de los tradicionales Reyes Magos, seres míticos llegando desde nuestros más íntimos recuerdos que cabalgan junto a  los frescos vientos del norte cargados de los tradicionales regalos y toda suerte de penurias de las cuentas por saldar, tanto de las deudas acumuladas al término del año, incluidos los gastos y estrenos navideños, más las responsabilidades propias de enero.

Sin embargo, todos esos aprietos por enfrentar no le restan magia al simbolismo cargado de expectativa en la alegre infancia de un año que comienza dando sus primeros pasos; en tanto, disfrutamos el frío de las madrugadas que nos anima a recogernos y abrigarnos, mientras sigilosamente nos invade el letargo del dulce sueño que flota acompañado con el suave eco −mezcla de fe, deseo y esperanza- de que este año todo será mejor.

Comenzamos enero con buen paso, la buena nueva legislativa es la reciente aprobación del Presupuesto General de la Nación,  hecho sin precedentes que augura un año de tranquilidad: importante tanto para los jubilados que saben que un sustento está debidamente asegurado con la certeza que da la reciente reforma de pensiones, como para los trabajadores del Estado y sus familias, que vivieron la angustia de la inestabilidad y hoy ven claridad de hasta dónde están cubiertas sus prestaciones.

Asimismo, es en extremo relevante para la población en general que verá retribuido su esfuerzo con más de 600 millones destinados para servicios de salud pública gratuita que incluyen: más de $292 millones para los 30 hospitales nacionales, $43.5 millones para medicamentos, $204.1 millones para 752 unidades de salud familiar con prioridad en la niñez y las mujeres, $5 millones para equipamientos médicos especializados y esterilización industrial y $12.6 millones para vacunas contra 14 enfermedades prevenibles.

En educación la inversión incluye: $73.5 millones para el paquete escolar, $20.4 millones para la educación media gratuita, $39.5 millones para educación inclusiva de tiempo pleno, $5 millones para el programa “Una niña, un niño, una computadora”, $5 millones que permitirán ampliar la “Universidad en Línea”, $21.9 millones para alimentación, salud y vaso de leche escolar y $6.5 millones para reforzar la formación docente creando el Instituto Nacional de Formación Docente.

En seguridad pública la inversión cubrirá: $174.6 millones para mejorar la prevención y el control territorial a través de 390 puestos policiales, $74.4 millones para ampliar la capacidad de investigaciones, inteligencia y comunicaciones; $11.8 millones para prevención y reinserción, y $24.7 millones para mejora y ampliación penitenciaria.

En el caso de sectores como los desmovilizados de FAES y FMLN, con los que tenemos una deuda histórica se destinan: $51.4 millones para lisiados, $6.1 millones para programas y prestaciones que ejecuta el Ministerio de Gobernación, $1.8 millones de compensación económica que ejecuta FISDL, $2.7 millones para atención integral que brinda el MINSAL, y $3.8 millones para la compensación en cumplimiento de sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Este acuerdo garantiza obligaciones del Estado en el corto y largo plazo y asegura la estabilidad del gobierno que surja de la elecciones del 2019, por lo que constituye una buena señal para los organismos financieros internacionales, la comunidad internacional con la que tenemos fuertes lazos de relación y cooperación, así como para los inversionistas que aprecian la franca mejoría de las condiciones de invertir en un país estable.

Estos actores conocen los buenos resultados de la gestión gubernamental, son conscientes de las enormes dificultades que tuvo superar el absurdo bloqueo de una parte de la derecha legislativa que terminó en minoría, aislada y derrotada por el peso de la razón, resultando necesario reconocer el esfuerzo de la otra parte de derecha que respaldó la propuesta gubernamental y, siendo sensata, contribuyó al acuerdo, sentándose un firme precedente de la importancia del grado de  madurez de los actores políticos para alcanzar acuerdos que beneficien al  país.

En un mes como este, en el que celebramos el vigésimo sexto aniversario de los Acuerdos de Paz, lo avanzado en estos primeros días de enero muestra nuevamente la vigencia del diálogo y negociación como herramienta de país para avanzar al desarrollo y a la epifanía de la esperanza.