Opinión: Retos y tareas

Por Eugenio Chicas | 13 de marzo de 2018

La actual coyuntura debe ser una oportunidad privilegiada para hacer un análisis serio que contraste los diversos estudios previos de opinión pública, desde encuestas abiertas y privadas, grupos focales, así como los diferentes análisis de premoniciones anticipadas, que hoy a la luz de los resultados electorales reconocidos en la voz del Soberano que se validan con los resultados definitivos.

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En la medida que avanza el accidentado y complejo desarrollo democrático del país, en ese contexto analizamos el  resultado electoral del 4M, percibimos una imponente y confusa “Torre de Babel”, en la que se expresan múltiples y simultáneas lenguas de la más variada calidad, destacándose el análisis de especialistas, expertos, politólogos, políticos, funcionarios, periodistas y algunos medios de comunicación con preferencia partidaria; sin escapar mesiánicos oportunistas disfrazados con capa y antifaz de salvadores de la humanidad, intentando acomodar y traducir desde su particular interés lo que según ellos dice “el Soberano”.

En cualquier caso debería ser una oportunidad privilegiada para hacer un análisis serio que contraste los diversos estudios previos de opinión pública, desde encuestas abiertas y privadas, grupos focales, así como los diferentes análisis de premoniciones anticipadas, que hoy a la luz de los resultados electorales reconocidos en la voz del Soberano que se validan con los resultados definitivos.

En la medida que avanza y se consolida nuestra organización electoral permite a los partidos políticos y a toda la  ciudadanía, academias, institutos, periodistas, analistas, un mejor estudio en detalle del comportamiento electoral en todo el país; facilita este análisis la ejecución del voto residencial y la publicación en línea por parte del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de las dos actas de cada una de las 9422 JRV. Esta información permite apreciar la suma total de los resultados nacionales, con efectos prácticos para comprender los resultados y establecer tendencias políticas. Para completar el ciclo del pleno acceso a la información, resta que el TSE haga público el registro de quienes acudieron a las urnas con acceso a suficientes campos de información estadística para profundizar el análisis de la conducta electoral.

Cada circunscripción refleja un comportamiento propio. Desde la Junta Receptora de Votos, el sector electoral y su centro de votación, el municipio y el departamento están sujetos a variantes que se expresan con diferente peso: en cada uno se valora el comportamiento y participación histórica de electores; la persistencia y  tradición en organización territorial, conflictos unitarios, la calidad, método y alcance de la campaña de cada partido; los liderazgos locales, el efecto de temas coyunturales, alianzas y coaliciones políticas; el énfasis de los medios de comunicación a favor de alguna postura, la incidencia de la criminalidad en muchos sectores y municipios desde la última década. El propósito en todo caso debe ser cultivar la capacidad científico social desde cada territorio para analizar y comparar los diversos estudios de opinión con el análisis detallado del resultado electoral, asumiendo las correcciones desde la base.

Es cierto que corresponde a las diversas instituciones de la sociedad, además de los propios partidos políticos, hacer sesudos análisis globales y estructurales para determinar las conductas, tendencias y proyecciones de una elección como esta –y de la que sigue-, bajo la lupa de los efectos y repercusiones de las decisiones adoptadas en materia de políticas públicas y partidarias; evaluando la calidad y resultado de la comunicación estratégica; el éxito o fracaso del diseño, planificación, conducción y ejecución de las campañas electorales; así como la disponibilidad oportuna de recursos materiales y financieros, reconociendo que cada vez es más difícil la obtención de recursos para financiar la política, los partidos y las campañas, exigiendo un cambio radical de paradigma sobre las maneras de financiar y hacer política en el contexto de las nuevas reglas.

En la medida que avanza nuestro sistema democrático también evoluciona y se empodera toda la sociedad, se vuelve más exigente y sofisticada. Temas como transparencia, corrupción, ética, eficiencia, eficacia y la calidez de la función pública y política -que antaño estaban fuera del horizonte de esperanza de la sociedad-, con las reformas y los diversos mecanismos de acceso a la información, la creciente y garante institucionalidad combinada con el avance de nuevas tecnologías que facilitan la expresión y  denuncia en tiempo real que hacen que la voz y opinión de la ciudadanía cobre mayor valor -todo a partir de la era del cambio- han obligado a la institucionalidad pública y política a cumplir con el viejo adagio: “La mujer del César además de ser, debe parecer”.

Es necesario una seria reflexión del peso en la percepción pública, no solo del resultado material  de las obras y servicios que generan bienestar;  debe considerarse la evaluación del desempeño ético, la austeridad y la modestia en la conducta personal, en la función pública y en la participación política. De la firmeza, convicción y oportunidad con que se adopten las correcciones institucionales, partidarias y personales, dependerá el rescate de la credibilidad, la confianza y la esperanza de la población de que un mejor país todavía es posible.