Opinión: Taiwán, una lección de desarrollo

Por Eugenio Chicas | 19 de abril de 2017

Durante la vacación de Semana Santa acepté la generosa invitación del gobierno de Taiwán para visitar su hermoso país, con el fin de aprender de sus experiencias en diversos campos de interés para El Salvador. Mi primera visita a esa isla fue hace más de 21 años, por lo que en esta ocasión llevaba una alta expectativa de los cambios y transformaciones ocurridas a lo largo dos décadas.

Secretario chicas

La “Liha Formosa” (Isla Hermosa) bautizada así por los navegantes portugueses en el siglo XVI, es un territorio que con otras islas y archipiélagos suman más de 36 mil km2 de un hermoso y bendecido territorio con suelo muy fértil y abundantes lluvias; con un prodigioso clima que va de tropical a templado, considerado todo un paraíso agrícola; con una exuberante flora y fauna nativa con más de 120 especies de mamíferos, 670 de aves, 141 de reptiles y 400 de mariposas. Su locación está en el Pacífico occidental entre Japón y Filipinas, teniendo en su entorno países vecinos como China continental, Viet Nam y Malasia.

Mi impresión al volver a Taiwán, muchos años después, es la sorpresa de ver una sociedad reluciente y altamente tecnificada, con una esplendorosa y limpia urbe visiblemente transformada, que cuenta con un moderno y digno sistema vial y de transporte público que incluye una amplia red de metro, complementada con la interconexión de autobuses muy cómodos, y un tren de alta velocidad en la costa occidental, que en 96 minutos recorre 345 km entre los extremos del país; ágiles carreteras y pasos a desnivel que hacen fluido el tráfico vehicular y humano, en urbes densamente pobladas con más de 23.5 millones de habitantes.

La dinámica de vida en calles, mercados y comercios es activa y nutrida, tanto de día como de noche. Es un pequeño territorio con una vibrante y moderna infraestructura urbana, de ingeniería de la mejor talla, que conserva y promueve su identidad cultural. Florecen los medios de comunicación y se encuentran muchas librerías abiertas hasta por 24 horas. Este paisaje refleja mucha prosperidad y calor humano; sin perder la magia de coloridos y maravillosos pueblos que conservan las mejores tradiciones que caracterizan a estas culturas milenarias del oriente, que reciben siempre a todo visitante con la más cálida sonrisa y amabilidad.

Me impresionó también como conservan, promueven y recuperan su medio ambiente, estableciendo un 20 % del territorio como reserva natural, con severas instituciones y normativas dedicadas a ese fin; y un envidiable y reconocido sistema de reciclaje que inicia con la participación activa de la comunidad.

Sin embargo, la transformación más importante que pude apreciar es su proceso democrático. Desde la instalación de su gobierno en 1949, Taiwán vivió bajo ley marcial hasta 1987, cuando se puso en vigencia la Constitución que estaba aprobada y en suspenso desde su promulgación en 1947; dando paso a un proceso de democratización que condujo a elecciones libres en 1996,  abriendo paso a un sistema multipartidario que ha permitido la alternancia en el gobierno en varias ocasiones.

La Constitución tiene siete reformas a partir de esa fecha, una muy importante es el Referéndum que incluye la ratificación del soberano para procesos de reforma constitucional, además del posible sometimiento de asuntos locales y de trascendencia nacional.

Un nuevo modelo de desarrollo económico impulsa el crecimiento promoviendo la innovación, con el objeto de aumentar el empleo y buscar una distribución equitativa de los beneficios económicos, reduciendo las desigualdades. Este nuevo enfoque busca la diversificación de sus mercados internacionales y además, llevar desarrollo a las regiones, en especial al sur de su país.

Entre las áreas priorizadas de la economía se encuentran: industrias innovadoras como biotecnología y farmacéutica, tecnología verde, maquinaria inteligente, y el extraordinario proyecto del “Silicon Valley” en la ciudad norteña de Teoyuan, donde se proponen desarrollar una economía circular reestructurando la industria, planificando mejor el uso de la tierra, equilibrando el desarrollo para beneficiar a diferentes regiones del país.

El éxito de su desarrollo radica en una extraordinaria apuesta por la educación, la ciencia y la tecnología, rubro que incluye la cultura, alcanzando en el último año el 19.5 % del presupuesto nacional. Un ministerio de las ciencias  trabaja en fortalecer los lazos y necesidades entre el sector académico e industrial, apoyando la investigación y el impulso de parques científicos, elementos clave para el desarrollo. Esto lleva implícitos tres esfuerzos: un instituto de investigación sobre tecnología industrial, un laboratorio nacional para la investigación aplicada, y un instituto para la industria informática.

Como cualquier sociedad Taiwán tienen importantes retos, en lo externo manejar inteligentemente su compleja relación con China Continental y seguir ampliando sus relaciones con el mundo; en lo interno, además de seguir creciendo en ciencia y tecnología, distribuir mejor su riqueza, dedicando muchos esfuerzos en la construcción de viviendas, y reformar su sistema de pensiones. Taiwán es un pequeño y florido territorio, con un gran pueblo muy valiente, lleno de energía y claridad de rumbo y nosotros sin duda tenemos mucho que aprender.



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