Conozca a las mujeres que participaron en la gesta de independencia de El Salvador

Por Redacción | 21 de septiembre de 2018

Según las investigaciones sobre la contribución de las mujeres en el proceso de independencia, su aporte fue en diversas tareas como: activistas, defensoras públicas, convocantes, mensajeras y que tras las referidas acciones muchas de ellas fueron encarceladas o asesinadas. Sin embargo, tales actividades han sido poco valoradas e invisibilizadas por la historia.

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Lo que nos han contado en la historia tradicional sobre la gesta de independencia es que fue hecha por unos cuantos hombres valientes, que hoy les llaman próceres, sin embargo, investigadores como Carlos Cañas Dinarte han realizado varias indagaciones sobre el rol de las mujeres en ese proceso de emancipación.


Uno de los hallazgos del historiador e investigador revela que María de los Ángeles Miranda y su hermana Manuela Miranda, iniciaron una insurrección en Piedra Bruja, ubicada en el municipio de Sensuntepeque.


“Las hermanas Miranda entusiasmadas por las luchas de liberación que sucedían en San Salvador propagaron las noticias a viva voz y al son de tambores contaron a los pobladores de Sensuntepeque lo que acontecía sobre gestas de independencia. El 29 de diciembre de 1811 en el punto conocido como Piedra Bruja, se produjo una insurrección”, reza parte de documento Las Mujeres en la Independencia del investigador Dinarte y que es retomado también por la escritora y feminista salvadoreña, Patricia Iraheta. 


La investigación de Cañas Dinarte indica que luego de haber propagado la noticia, ambas hermanas fueron capturadas y acusadas de traición, estuvieron recluidas en el convento de San Francisco en la ciudad de San Vicente, y fueron sentenciadas a recibir 100 latigazos cada una en la plaza pública y luego a realizar trabajos sin percibir salarios en el convento de esa localidad. Pero María de los Ángeles murió a principios de 1812 cuando era azotada por sus verdugos.


María de los Ángeles Miranda fue declarada heroína de la patria mediante el decreto legislativo 101 en el año de 1976, el reconocimiento fue a iniciativa de la Liga Feminista de El Salvador.


El documento del historiador añade que, aunque hay poca documentación sobre la participación de las mujeres en la gesta emancipadora, se ha encontrado que las metapanecas Juana de Dios Arriaga, Inés Anselma Ascencio de Román, Dominga Favia Juárez de Reina, Úrsula Guzmán y Gertrudis Lemus estuvieron inmersas en diversas actividades que contribuyeron a la independencia.


Otras mujeres como María Madrid viuda y originaria de Tejutepeque y Francisca de la Cruz López joven fueron acusadas de alta traición contra el imperio español y se les encarceló y las sometieron a fuertes a interrogatorios, pero finalmente fueron indultadas. 


Guzmán y Lemus suministraron piedras y armas a los indios y mulatos que eran dirigidos por el prócer Juan de Dios Mayorga durante un enfrentamiento acaecido el 24 de noviembre de 1811 en la ciudad de Metapán.


Dinarte concluye que otras mujeres como María Felipa Aranzamendi y Aguilar, Ana Andrade Cañas, Manuela Antonia de Arce y María Teresa Escobar abogaron por liberar a sus cónyuges, Manuel José Arce, Santiago José Celis, Domingo Antonio de Lara y Juan de Dios Mayorga, mientras purgaban sus penas en las cárceles, entre 1814 y 1819. 


Patricia Iraheta señala que las actividades que realizaron las mujeres para contribuir al proceso de independencia ha sido poco valoradas y solo se les ha considerado como tareas de apoyo de menor relevancia, con lo que se confirma el carácter sexista de la historia, que ha destacado el protagonismo masculino en los cambios sociales y desvirtúa el aporte y las acciones de las mujeres.


Según consta en la investigación de Dinarte, si bien las mujeres sin importar su condición social (criollas, mestizas, indígenas, negras y esclavas), compartían algunas labores comunes a la que se les denominaba “oficios mujeriles” en espacios como el hogar, la iglesia, el hospital y el campo de labranza, había una exclusión del derecho a la educación a la mayoría de ellas y era reservada exclusivamente para una élite, esta era eminentemente religiosa y segregada para hombres y mujeres.